Los viajeros de Cercanías despiden los autobuses de sustitución tras once meses sin tren entre El Astillero y Orejo

Este jueves fue una fecha señalada para cientos de usuarios de la línea C-3. Después de once meses soportando transbordos obligatorios entre El Astillero y Orejo, el servicio ferroviario directo volvió a funcionar con normalidad en el tramo de 6,8 kilómetros que une ambas localidades dentro de la línea de ancho métrico Bilbao-Santander.

Los viajeros de Cercanías despiden los autobuses de sustitución tras once meses sin tren entre El Astillero y Orejo

Adif había anunciado días antes la conclusión de los trabajos de infraestructura, vía, catenaria y señalización que mantuvieron cortada la circulación desde el pasado noviembre. Con esa noticia, muchos pasajeros habituales ya tenían marcado el día en el calendario.

Los autobuses lanzadera que durante todo este tiempo cubrieron por carretera el recorrido entre las dos localidades se despidieron sin demasiada ceremonia, aunque con alivio generalizado entre quienes los padecieron a diario.

«El bajar y subir al autobús era un incordio e incómodo. Ahora, con la línea directa, es como coser y cantar», resumió Paco Barroso, pasajero habitual de la línea. Otros viajeros apuntaron en la misma dirección: «Me pillaba fatal lo del autobús porque tardaba bastante más y, encima, nos llevaban como ganado», afirmó Verónica, otra usuaria.

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No todo fue festivo. El revisor del convoy relató que algunos pasajeros, atrapados por la costumbre de once meses, se apearon en El Astillero para buscar el autobús lanzadera. Al salir de la estación y no encontrar ningún vehículo esperándoles, tuvieron que regresar y aguardar al siguiente tren.

Hubo también quien aprovechó la jornada no por necesidad, sino por puro disfrute. Alejandro Martín, vecino de La Cantábrica, se subió al tren con destino a Liérganes «por curiosidad, para ver cómo ha quedado el tramo y cómo van con las obras». Desde la ventanilla comprobó que los trabajos de publicación de la vía, iniciados hace cuatro años, aún tienen camino por delante.

La reapertura llega como un respiro para quienes dependen de este corredor para llegar a sus puestos de trabajo. Maryerli Cruz, que esperaba en el andén, lo expresó con claridad: «Hay gente que va todos los días en esta línea y, a partir de hoy, seguro que vamos a agradecer no subirnos al autobús».

Once meses dan para mucho retraso, muchas quejas y bastante paciencia. El tren, por fin, vuelve a hacer su trabajo solo.