El Sevilla FC firmó una prometedora primera mitad ante el FC Barcelona pero no pudo sostener el nivel en la segunda parte, donde los goles de Raphinha sentenciaron un partido que los nervionenses habían llegado a soñar con ganar.

Los hispalenses salieron al campo con personalidad y sin complejos ante el líder. Fofana, uno de los mejores del equipo esta temporada, abrió el marcador con una de sus habituales subidas al ataque, demostrando que este Sevilla tiene recursos para hacerle daño a cualquier rival.
La primera parte fue un espejo en el que los sevillistas deberían mirarse. Agoumé filtró un gran pase a Félix Correia, que asistió para el gol y estuvo a punto de marcar por sí mismo antes del descanso. Miguel Sierra también hizo levantarse a la afición con alguna de sus acciones individuales. El equipo compitió, presionó y generó.
El problema llegó con el pitido del descanso. El Barcelona salió de vestuarios con una determinación diferente y el Sevilla no supo mantener su nivel. Raphinha tomó el mando y comenzó a enlazar goles ante una defensa que había perdido la concentración que mostró durante cuarenta y cinco minutos. Sangante no pudo con el brasileño en el primer tanto catalán, y Castrín tampoco encontró respuesta ante su desborde continuo.
En la portería, Vlachodimos realizó una gran parada al final para evitar que la goleada fuera mayor, aunque por el momento no está rindiendo al nivel que mostró la campaña anterior.
Entre los suplentes, ni Ejuke ni Isaac lograron cambiar el rumbo del partido. El primero no generó el desequilibrio que se le presupone y el segundo tampoco estuvo acertado.
Con todo, hay razones para el optimismo moderado. Fofana y Agoumé están en un estado de forma sobresaliente. Félix Correia aporta calidad en los metros finales. Juan Iglesias ha ganado terreno en el lateral sobre Suazo. Y sobre todo, esa primera parte demuestra que este Sevilla puede plantar cara a los grandes cuando compite con intensidad y orden.
El reto ahora es trasladar esa versión a los noventa minutos. Porque con media hora así no alcanza para ganar en LaLiga, pero sí para creer que el equipo está en el camino correcto.



