Un entrenador segoviano con 18 años en Logroño desvela por qué San Mateo es como ninguna otra fiesta

Miguel Ángel Velasco llegó a Logroño en 2008 desde Nava de la Asunción, un pequeño municipio segoviano, y desde entonces ha vivido cada edición de las fiestas de San Mateo con ojos de quien sabe apreciar lo que tiene delante. Hoy dirige al Dicorpebal BM Logroño y, aunque el calendario deportivo le roba protagonismo en estas fechas, no duda en reconocer el valor de la celebración más importante de la capital riojana.

Un entrenador segoviano con 18 años en Logroño desvela por qué San Mateo es como ninguna otra fiesta

Para Velasco, lo que hace especial a San Mateo no es su tamaño ni su repercusión, sino precisamente lo contrario: esa sensación de proximidad y de comunidad que pocas ciudades de su tamaño son capaces de generar. «Las fiestas de Logroño son como las de un pueblo», ha señalado el técnico, una frase que resume con mucha sencillez algo que los propios logroñeses a veces dan por sentado.

Dieciocho años viviendo en la ciudad le dan perspectiva suficiente para hacer esa comparación. Quien ha crecido en un entorno rural conoce bien el calor de unas fiestas donde todo el mundo se conoce, donde las calles se llenan de vecinos y no solo de turistas, y donde el ambiente tiene una autenticidad difícil de fabricar.

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En fiestas

Sin embargo, el propio Velasco reconoce que su rol como entrenador le impide disfrutar de San Mateo como le gustaría. La temporada ya está en marcha y el equipo vive inmerso en el ritmo de la competición, lo que obliga a mantener la concentración incluso en los días de celebración general.

No es una queja, sino la realidad de quien ha elegido el deporte como profesión. Las fiestas pasan, los partidos también, y hay que estar preparado para ambas cosas.

Lo que queda de sus palabras es un retrato honesto de Logroño visto desde fuera, desde alguien que llegó de otra tierra y que, con el paso de los años, ha hecho suyos los ritmos y las tradiciones de una ciudad que sabe celebrar con el alma.

San Mateo, una vez más, llena las calles de la capital riojana. Y aunque no todos pueden vivirlo con la misma entrega, hay quien lo mira con la admiración tranquila de quien sabe reconocer algo bueno cuando lo tiene cerca.