La Fuente de la Niña acogió este sábado el cierre de los grandes conciertos de las Ferias y Fiestas de Guadalajara con una actuación que fue mucho más que un recital. Malú llegó a la ciudad con su Quince Tour y con las ganas de contar una historia que lleva casi tres décadas guardando.

Antes de que sonara la primera nota, una voz en la pantalla ya ponía en contexto lo que estaba a punto de vivirse. «A los 15 mi vida cambió», reconocía la artista. A esa edad llegaron el primer disco, los escenarios, los viajes y una vida que creció a una velocidad para la que nadie la había preparado. «Sin darme cuenta, dejé a un lado quién era», admitía sin rodeos.
Ese relato de pérdida y reencuentro con una misma fue el hilo conductor de toda la noche. El Quince Tour no es solo la presentación de su último trabajo, sino también una declaración de intenciones: aprender a quererse, a entender las caídas propias y, sobre todo, a volver a disfrutar del escenario.
El repertorio fue un equilibrio cuidado entre lo nuevo y lo que ya forma parte de la memoria colectiva de varias generaciones. Temas como «Blanco y negro», «Vuelvo a verte» o «Toda» arrancaron el reconocimiento inmediato del público desde los primeros compases. Junto a ellos, las composiciones más recientes como «Todo sabe a ti», «La maleta» o «Primer amor» fueron ganando terreno en una plaza que respondió con entrega.
Guadalajara fue, en definitiva, el escenario elegido para poner el punto final a los grandes conciertos de unas ferias que este año volvieron a reunir a miles de personas en torno a la música en directo.
Y si algo quedó claro en la Fuente de la Niña es que Malú no llegó solo a cantar. Llegó a recuperar algo que, según ella misma cuenta, había quedado olvidado por el camino: aquella adolescente de 15 años que un día vio cómo su sueño se hacía demasiado grande y que ahora, por fin, ha aprendido a mirarse sin miedo al espejo.
Una noche que Guadalajara difícilmente olvidará pronto.
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