El histórico rótulo del antiguo campo de fútbol de Mirat ha desaparecido para siempre. La pieza metálica que durante décadas recibió a jugadores y aficionados a las puertas del recinto ha sido retirada por los actuales propietarios del terreno, poniendo punto final a uno de los últimos vestigios visibles de un lugar cargado de memoria deportiva en Salamanca.

La retirada del cartel, que todavía lucía la inscripción «Campo de fútbol Mirat» hasta el pasado mes de julio, no responde a ninguna actuación municipal. Fuentes del Ayuntamiento confirman que aún no ha tomado posesión de los terrenos, por lo que la decisión ha correspondido a la junta de compensación propietaria, en la que participa la empresa de fertilizantes Mirat.
El consistorio salmantino firmó hace unas semanas un convenio con los propietarios para convertir la zona en un gran bosque urbano dentro del plan Raíles Verdes, un ambicioso proyecto de renaturalización que busca conectar el centro de la ciudad con su periferia a través de una franja verde. Una vez se formalice la cesión, el ayuntamiento asumirá toda la responsabilidad civil, administrativa y patrimonial sobre los terrenos.
El campo fue en su día casa de varios equipos locales como el Ribert o el Forterra. Pocos saben, sin embargo, que allí disputó sus primeros partidos el primer equipo femenino de fútbol de Salamanca, un dato que convierte al recinto en un lugar aún más significativo para la historia deportiva de la capital.
Hoy apenas quedan rastros de lo que fue. Parte de la grada, el palco y el arco de entrada eran los últimos elementos en pie. Ahora, con el rótulo desaparecido, el lugar no es más que pasto y maleza entre el parque de los Jerónimos, las vías del tren, las instalaciones de Mirat y el río Tormes.
El proyecto de renaturalización está a punto de dar un paso decisivo. Los planes contemplan una gran zona verde que transformará este rincón olvidado de la ciudad en un pulmón natural accesible para los vecinos, en la misma línea que el proyecto de convertir el antiguo túnel ferroviario en una pradera urbana inspirada en el High Line de Manhattan.
Salamanca se prepara para despedirse de un fragmento de su pasado futbolístico y ganar, a cambio, un espacio verde donde antes resonaban los aplausos.
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