Un joven de Pinto llega a las Olimpiadas Internacionales de Tecnología con un videojuego contra el acoso escolar

Darius Atanasiu tiene 15 años, estudia en el IES Vicente Aleixandre de Pinto y acaba de lograr algo que pocos jóvenes de su edad pueden presumir: representar a España en las Olimpiadas Internacionales de la Tecnología gracias a un videojuego que él mismo diseñó para combatir el bullying.

Un joven de Pinto llega a las Olimpiadas Internacionales de Tecnología con un videojuego contra el acoso escolar

El proyecto se llama Máscara y arranca con una pregunta directa al jugador: «En un mundo repleto de acoso, ¿quién quieres ser?». Con esa premisa, Darius construyó una historia en la que los personajes, a pesar de sus defectos, ayudan al protagonista a hacer frente a una situación de acoso escolar. El mensaje es claro: no hay que callarse, hay que hablar y acudir a los seres queridos para poner fin a la situación.

El adolescente reconoce que este tema «en muchas situaciones no recibe la atención que merece» y defiende que el formato videojuego puede ser más eficaz para concienciar a los estudiantes que una charla tradicional, porque «el público está más receptivo» y el formato resulta más cercano.

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Las Olimpiadas, organizadas por la fundación NTT DATA, reunieron este año a más de 5.000 jóvenes de nueve países de Europa y Latinoamérica. Darius fue uno de los ganadores de la fase nacional y representará a España junto a otros tres jóvenes de Barcelona, Cádiz y Salamanca en la final internacional, que se celebra en formato virtual los días 22 y 23 de septiembre.

Su camino hasta aquí empezó pronto. Desde los siete años la tecnología ya le llamaba la atención, y a los once comenzó a aprender programación por su cuenta. Hoy, además del desarrollo de videojuegos, también se adentra en la inteligencia artificial. Aunque le gustaría estudiar ingeniería aeronáutica, tiene claro que no quiere limitarse a un solo campo.

Detrás de este recorrido está también su madre, Mihaela, licenciada en periodismo y originaria de Rumanía, que desde pequeño lo llevó a talleres, museos y actividades que le aportaran experiencias. Ella misma lo explica con sencillez: en su país le enseñaron una cultura del esfuerzo y la disciplina que ahora intenta transmitirle a su hijo.

Un chico de Pinto con una idea, un ordenador y mucho trabajo. Así de cerca puede estar la excelencia.