El Hospital Mateu Orfila de Maó atraviesa uno de sus veranos más complicados. La combinación de temperaturas extremas y una humedad que ha rozado el cien por cien durante varios días ha coincidido con la avería de uno de los compresores del sistema de climatización, lo que ha obligado a priorizar la refrigeración de las zonas más sensibles del centro.

Quirófanos, plantas de hospitalización y áreas de consultas y pruebas son las zonas que reciben atención preferente. Otras dependencias del hospital, como oficinas y el servicio de rehabilitación, están soportando el calor con ventiladores, una solución provisional que no resulta precisamente idónea en un centro sanitario.
El sistema de climatización del Mateu Orfila es de tipo hidrónico, es decir, funciona mediante la producción y distribución de agua fría y caliente a través de ventiloconvectores y unidades de tratamiento de aire distribuidas por módulos a lo largo de todo el edificio. En total, el sistema cuenta con seis compresores, y uno de ellos ha dejado de funcionar a la espera de que llegue la pieza necesaria para su reparación.
No es la primera incidencia de este verano. Hace unas semanas ya se registró otra avería que fue comunicada al personal y resuelta. Sin embargo, la nueva rotura llega en el peor momento posible, con Menorca viviendo una ola de calor que eleva la sensación térmica nocturna hasta los 35 grados.
El Área de Salud reconoce que la situación no es la ideal y explica que, en condiciones meteorológicas normales, la pérdida de un compresor no tendría un impacto tan significativo. El problema radica en que la humedad extrema satura el aire de vapor de agua y obliga a las máquinas a trabajar al límite de su capacidad, lo que reduce aún más el rendimiento del sistema en su conjunto.
Los servicios técnicos del hospital trabajan para maximizar el rendimiento del equipo mientras se espera el recambio. El objetivo es que las zonas críticas mantengan en todo momento las condiciones adecuadas para la atención a los pacientes.
La situación pone sobre la mesa la vulnerabilidad de las infraestructuras sanitarias ante episodios de calor extremo cada vez más frecuentes e intensos, y la necesidad de contar con sistemas de climatización con mayor margen de seguridad para afrontar los veranos que están por venir.
