El mercado de la vivienda en Menorca atraviesa su momento más frio en más de una década. Entre enero y mayo de este año se han cerrado 643 operaciones de compraventa en la Isla, una cifra que no se veía desde 2015, cuando la economía española aún intentaba levantarse tras años de crisis.

El descenso respecto al mismo periodo del año pasado es de 122 transacciones menos, lo que supone una caída del 16 por ciento. Un dato que supera con creces la media nacional, donde el mercado ha retrocedido un 7 por ciento, y que también está por encima del conjunto de las Baleares, con una bajada del 17 por ciento.
Los motivos son varios y se acumulan. Los precios de los inmuebles siguen en niveles muy elevados, con zonas de Maó y Ciutadella que han marcado cifras récord de venta este mismo junio. Encontrar una vivienda por menos de 300.000 euros se ha convertido en una tarea complicada, lo que deja fuera del mercado a la mayor parte de las familias de clase media.
A eso se suma la dificultad de reunir la entrada inicial, que habitualmente ronda el 20 por ciento del precio de compra. En muchos casos esa cantidad supera los 100.000 euros, una cifra inalcanzable para quien ya destina una parte importante de su sueldo a pagar el alquiler y el coste de vida en la Isla.
Las condiciones hipotecarias tampoco ayudan. La subida de tipos del Banco Central Europeo ha encarecido la financiación y ha hecho que muchos posibles compradores opten por esperar, con la esperanza de que los precios cedan en algún momento.
Desde el sector inmobiliario, los profesionales coinciden en el diagnóstico, aunque difieren en las soluciones. José Pons Yela, responsable de una de las principales agencias de la Isla, apunta a la falta de oferta como el problema de fondo. Señala que la inseguridad jurídica aleja a los promotores y que sin nuevas construcciones el mercado seguirá tensionado. Pide además que se eliminen los impuestos a la compra de primera vivienda con independencia de la edad del comprador.
Pili Egea, de otra agencia local, lo resume de forma más directa: o los propietarios ajustan sus expectativas o el bloqueo continuará. «La gente no puede comprar», advierte, aunque reconoce que nadie vende por debajo de lo que el mercado ha estado pagando hasta ahora.
El resultado es un mercado paralizado, donde compradores y vendedores se observan sin moverse, y donde quien más pierde es quien busca su primera vivienda en Menorca.
