Logroño ha sumado este julio un nuevo espacio público a su oferta cultural y deportiva: el centro intergeneracional polivalente conocido como ‘La antigua estación’, ubicado en el emblemático edificio que durante décadas albergó la estación de autobuses de la ciudad. Un lugar con historia que ahora se reinventa para atender a vecinos de todas las edades.

El centro ha abierto con una propuesta variada que combina actividades deportivas y culturales pensadas para que convivan distintas generaciones bajo un mismo techo. La iniciativa ha sido bien recibida entre los logroñeses, que ven en este espacio una oportunidad para dinamizar un enclave que llevaba tiempo sin actividad relevante.
Sin embargo, no todo en el estreno ha pasado desapercibido. Mientras los vecinos descubren los nuevos usos del edificio, un detalle en su fachada llama la atención por razones menos positivas: el reloj exterior permanece parado, como si el tiempo se hubiera olvidado de seguir su marcha precisamente en el momento del relanzamiento.
La imagen resulta llamativa, y no exenta de cierta ironía. Un edificio que aspira a mirar hacia el futuro y a reunir a personas de diferentes épocas de la vida exhibe en su exterior un reloj que, sencillamente, no funciona. Para muchos transeúntes, es uno de esos pequeños detalles que no deberían escaparse en una inauguración.
Desde el punto de vista vecinal, este tipo de descuidos menores pueden restar brillo a proyectos que, en lo esencial, responden a una necesidad real. Los centros intergeneracionales han demostrado en otras ciudades ser espacios de gran valor social, capaces de reducir el aislamiento entre mayores y de ofrecer a los más jóvenes referencias y experiencias que difícilmente encontrarían en otro contexto.
La pregunta que queda en el aire es sencilla: ¿cuándo se pondrá en marcha ese reloj? La respuesta, de momento, la tiene el viento que sopla por la fachada de ‘La antigua estación’.
Lo importante es que el proyecto ha echado a andar. Y que Logroño cuenta, desde este verano, con un lugar pensado para que el tiempo que importa de verdad sea el que se comparte entre personas.



