El alcalde de Bilbao, Juan Mari Aburto, protagonizó ayer un emotivo y reivindicativo último discurso en el pleno del estado de la Villa, el acto institucional con el que el regidor bilbaíno hace balance anual ante el consistorio. Con las próximas elecciones municipales ya en el horizonte, Aburto repasó una gestión de tres mandatos y cerró su intervención con una declaración de principios: abandonará el cargo «con algunas cicatrices», pero con la certeza de que «la buena política merece la pena».

El alcalde recordó que en 2015 el PNV y el PSE formaron un gobierno de coalición que, según subrayó, «sigue siendo el que en la actualidad lidera esta ciudad». Doce años de estabilidad que, a su juicio, han tenido siempre un único objetivo: mejorar la calidad de vida de los bilbaínos y bilbaínas.
En cuanto al avance del Plan de Mandato 2023-2027, Aburto ofreció datos concretos. De las 80 iniciativas prioritarias, el 82 por ciento se encuentran en ejecución, un 14 por ciento ya están completadas y el resto se halla en fase de puesta en marcha.
En materia de servicios sociales, el regidor defendió con cifras el esfuerzo del consistorio. Bilbao concentra el 81,1 por ciento del gasto social de Bizkaia y destina 208,94 euros por habitante, frente a los 156,14 de media en las capitales de provincia del Estado.
Sin embargo, Aburto fue claro al señalar que la ciudad no puede seguir afrontando sola el reto de la exclusión social. Reclamó la implicación del Gobierno español, el Gobierno vasco, la Diputación Foral y el resto de municipios de Bizkaia, advirtiendo de que «se está produciendo un desequilibrio en el modelo de servicios sociales» y que «mirar solo a Bilbao no es la solución».
El alcalde también anunció compromisos concretos para los meses que restan de mandato: movilizar vivienda vacía hacia el alquiler asequible, reforzar las políticas educativas y ampliar el alcance del euskera en el sector privado y entre la comunidad migrante, consolidando una bolsa de ayudas al aprendizaje del idioma.
Aburto cerró su intervención evocando las heridas históricas de la ciudad, desde el urbanismo del franquismo hasta la violencia terrorista, y apeló a la memoria colectiva como escudo frente a la repetición de los errores del pasado. Un discurso de balance, pero también de legado.



