Camposolillo resiste bajo el agua: los oriundos del pueblo anegado por el pantano del Porma celebran 21 años de reencuentros

Cada verano, un puñado de familias leonesas regresa a un lugar que ya no existe en el mapa pero que permanece intacto en su memoria. Los oriundos de Camposolillo, el pueblo de la comarca de Valdelugueros desalojado en los años sesenta para construir el pantano del Porma, volvieron a reunirse el pasado 22 de agosto para demostrar que su historia no ha quedado sepultada bajo el agua.

Camposolillo resiste bajo el agua: los oriundos del pueblo anegado por el pantano del Porma celebran 21 años de reencuentros

Fueron 64 personas las que acudieron a la fiesta-encuentro de este año, organizada por la asociación Oriundos de Camposolillo. Entre ellos, quienes vivieron de niños en aquellas calles y quienes ya nacieron con el pueblo desaparecido, pero lo conocen a través de los relatos de sus padres y abuelos.

La tradición arrancó en 2004, cuando un grupo de vecinos decidió reunirse por primera vez aquel verano. Desde entonces, el encuentro no ha dejado de celebrarse ni un solo año, sumando siempre caras nuevas y recuperando vínculos que parecían condenados al olvido.

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Entre los asistentes de ediciones recientes destaca Daniel González Noriega, un joven ganadero que regresó a la zona para retomar la explotación de VizCatalina junto a su padre, como símbolo de un arraigo que se niega a desaparecer.

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El caso de Camposolillo es singular en España. El pueblo quedó deshabitado a mediados del siglo pasado cuando las autoridades ordenaron su desalojo para llenar el embalse del Porma. Sus vecinos fueron dispersados, sus casas quedaron anegadas y el pueblo dejó de existir oficialmente. Sin embargo, la comunidad no se disolvió.

Más de dos décadas después de aquel primer reencuentro y cerca de seis décadas desde el vaciado, los oriundos siguen encontrándose, siguen recordando y siguen creciendo en número. El lema que los define lo dice todo: seguimos aquí.

La fiesta-encuentro no tiene pretensiones de reivindicación política ni de recuperación material. Es, simplemente, un espacio para la memoria compartida y el reencuentro entre personas que llevan Camposolillo como parte de su identidad, aunque ese lugar solo pueda visitarse en los recuerdos o en las fotografías en blanco y negro que guardan en sus casas.

Un pueblo que desapareció del mapa pero que, gracias a quienes lo habitaron y a sus descendientes, sigue más vivo que nunca cada mes de agosto en León.