Cinco días contra el infierno en los Arribes: «El combustible libera tanta energía que es imposible acercarse»

El incendio de Fermoselle lleva cinco días poniendo a prueba a uno de los operativos de extinción más exigentes que se recuerdan en la provincia de Zamora. Un fuego que nació el miércoles 22 de julio a la una de la tarde y que en menos de cuarenta minutos ya amenazaba la residencia de ancianos del municipio. En tres horas había calcinado 7.000 hectáreas.

Cinco días contra el infierno en los Arribes: "El combustible libera tanta energía que es imposible acercarse"

Los profesionales que han estado al pie del cañón describen un comportamiento «explosivo y totalmente errático», con cambios de viento continuos y rachas que llegaron a los 45 kilómetros por hora. A eso hay que sumar temperaturas de entre 36 y 39 grados, humedades relativas por debajo del 10% y un combustible forestal acumulado bajo el estrés de sucesivas olas de calor. El momento del día en que comenzó, entre la una y las cuatro de la tarde, es precisamente el más temido por los expertos en incendios forestales.

La prioridad del operativo en las primeras horas fue clara: defender la interfaz urbano forestal de Fermoselle y proteger la residencia. Esa decisión, inevitable según los bomberos, permitió que la cabeza del fuego avanzara sin freno hacia la gasolinera y desde allí hacia los pueblos del entorno. Palazuelo, Zafara, Formariz, Fornillos, Muga, Villar del Buey, Mámoles y Fariza quedaron rodeados por las llamas en un avance destructor que recordó a los fermosellanos el desastre de 2017, aunque con mucha más virulencia.

Noticias de Zamora en tu WhatsAppGratis, sin registros y sin que nadie vea tu número.
Unirme al canal

«Por mucho que la gente diga que no vamos es que es imposible abordarlo todo. Es una impotencia total», reconoce uno de los miembros del operativo. La extinción se ha convertido en algo agotador: «Era echar agua y no apagaba, y encima con unas temperaturas brutales».

Entre las pocas notas positivas, los profesionales destacan el papel de agricultores y ganaderos locales, que actuaron por iniciativa propia levantando barreras en los núcleos amenazados. Su reacción, dicen, ayudó a frenar el avance en varios puntos.

Sin embargo, también duelen las críticas recibidas por el operativo desde dentro. «Se quemaba el pueblo y pasaban de largo», es una frase que se repite con amargura entre quienes llevan días sin dormir y arriesgando la vida.

Los propios bomberos piden que esa rabia se transforme en responsabilidad: limpiar las propiedades de maleza, reducir el combustible disponible. «Desgraciadamente este tipo de desastres han venido para quedarse», advierten quienes mejor conocen lo que hay al otro lado de las llamas.