Rocódromos, plazas y paseos marítimos se han convertido en improvisados dormitorios en Menorca este verano. Lo que hasta hace poco podía parecer una estampa aislada se ha vuelto una imagen recurrente en la isla, y ya nadie la recibe con sorpresa.

Este pasado sábado por la mañana, varios grupos de personas aparecieron durmiendo en distintos espacios públicos de Ciutadella. Algunos lo hacían junto a la Platja Gran, otros en el rocódromo y algunos más sobre la tarima de la plaza dels Pins. Colchonetas, sacos de dormir o simplemente el suelo han sustituido a las camas de hotel que muchos no pueden permitirse o directamente no encuentran disponibles.
La escena refleja una realidad que cada vez preocupa más en la isla: la presión turística ha llegado a un punto en el que la oferta de alojamiento no da abasto frente a la demanda. Los precios se han disparado y la disponibilidad brilla por su ausencia en pleno agosto, dejando a algunos viajeros sin más opción que improvisar.
No es un fenómeno exclusivo de Menorca. Otras islas del archipiélago llevan años conviviendo con esta situación, y los vecinos de Ciudadela temen que el camino de la isla apunte en la misma dirección. Voces locales ya advierten de que Menorca corre el riesgo de seguir los pasos de destinos como Ibiza, donde la saturación ha transformado por completo el modelo de convivencia entre residentes y turistas.
La reacción ciudadana no se ha hecho esperar. En las últimas semanas han proliferado movilizaciones y muestras de malestar contra la masificación, con cientos de personas saliendo a la calle para reclamar un turismo más ordenado y sostenible.
Mientras tanto, la discusión sobre precios también gana fuerza. Algunos establecimientos locales han sido señalados por cobrar cantidades desproporcionadas por productos básicos, lo que agrava aún más la percepción de una isla que se aleja de la normalidad cada verano que pasa.
El reto para las administraciones es evidente: gestionar un destino que vive del turismo sin que ese mismo turismo acabe por devorar lo que lo hace atractivo. De momento, las plazas y los rocódromos de Ciutadella siguen llenándose de viajeros que no tienen donde dormir.
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