La boya oceanográfica que vigila el comportamiento del Mar Cantábrico frente a las costas de Santander volverá a su puesto en octubre, después de casi dos años retirada del agua para someterse a una renovación integral.

La previsión inicial era fondearla este pasado agosto, pero las malas condiciones del mar en la fecha elegida, sumadas a algún desajuste de personal, obligaron a aplazar la operación. Así lo confirma Raquel Somavilla, investigadora del Instituto Español de Oceanografía y responsable del dispositivo, que confía en que octubre sea definitivamente el mes del regreso, siempre que el Cantábrico lo permita.
Durante estos casi dos años de inactividad, los datos sobre corrientes, altura de las olas, temperatura o pH del agua se han seguido recogiendo, pero mediante barcos que realizan mediciones mensuales. Un método mucho menos inmediato y completo que el de la boya, y que ha supuesto una laguna en la serie histórica de registros que se acumula desde 2007, año en que el dispositivo se instaló por primera vez a 22 millas al norte de Cabo Mayor.
La modernización, que ha supuesto una inversión de 60.000 euros, se hizo necesaria tras una cadena de contratiempos. El más llamativo fue el temporal Aline, que en otoño de 2023 arrancó la boya de su amarre, la arrastró 240 kilómetros en diez días y la depositó en una playa de Arcachón, en Francia. Las olas llegaron a alcanzar casi veinte metros durante aquel episodio. Cuando regresó, estaba tan deteriorada que las reparaciones parciales no bastaron.
En septiembre de 2024 se intentó devolverla a su ubicación habitual, pero apenas aguantó cinco horas en el agua antes de volver a fallar. El problema resultó estar en el conector de arranque, lo que llevó a tomar la decisión de acometer una rehabilitación completa.
El IEO dispone también de una segunda boya, con una inversión de 350.000 euros, dotada de tecnología más avanzada que permitirá recibir y enviar órdenes a distancia, como regular la frecuencia de muestreo ante fenómenos como los temporales. La idea es que ambas se turnen, de modo que mientras una registra datos en el mar, la otra pueda someterse a mantenimiento en tierra.
Completan el sistema dos robots submarinos conocidos como gliders, que el año pasado realizaron varias misiones de exploración del Cantábrico y del fondo marino y que continúan operativos.
Santander recuperará así, si todo va según lo previsto, uno de los 300 puntos de medición oceanometeorológica distribuidos por todo el planeta.
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