La Diputación de Álava ha cerrado el verano de 2026 con una cifra récord de campamentos privados registrados. Un total de 122 colonias de iniciativa privada comunicaron su actividad a la institución foral durante los meses estivales, frente a los apenas 54 que lo hicieron el año anterior. El incremento supone un salto del 125% en apenas doce meses.

La explicación de este aumento tan llamativo no hay que buscarla en un repentino despertar de la conciencia cívica de los organizadores, sino en un cambio normativo que ha transformado cómo deben declararse estas actividades ante la Administración.
Hasta ahora, quienes organizaban un campamento en territorio vasco podían comunicarlo a cualquier administración autonómica, independientemente del lugar donde se desarrollara la actividad. El nuevo decreto sobre el ocio en el tiempo libre ha cambiado esta regla: ahora la notificación debe realizarse obligatoriamente ante la Diputación Foral del territorio en el que tiene lugar el campamento.
El resultado es que muchas colonias que antes cumplían con sus obligaciones comunicándose con otras instituciones ahora pasan a engrosar directamente las estadísticas alavesas.
No obstante, el incremento también llega envuelto en el recuerdo del escándalo del udaleku de Bernedo, que sacudió a la sociedad alavesa en los últimos meses. Aquel caso destapó no solo una serie de abusos que hoy son objeto de proceso penal, sino también que el campamento había funcionado durante décadas de manera completamente clandestina, sin que ninguna administración tuviera constancia de su existencia.
Ese episodio puso sobre la mesa la falta de control sobre este tipo de actividades y la necesidad de reforzar los mecanismos de supervisión. Sin embargo, el endurecimiento del tono público no se ha traducido de momento en una avalancha de sanciones. Hasta la fecha, solo se ha impuesto una sanción administrativa a un udaleku en Álava por no haber comunicado su actividad a la Diputación.
Los datos reflejan, en definitiva, que el nuevo marco legislativo está logrando su objetivo principal: que las colonias privadas salgan a la luz y queden bajo el radar de la Administración foral. Si el control real sobre lo que ocurre dentro de esos campamentos avanzará al mismo ritmo que los registros, es algo que los próximos veranos tendrán que demostrar.
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