La campaña de miel de 2026 en Burgos se cierra con una producción que ronda la mitad de lo que sería un año normal. El calor extremo, la falta de lluvias, las floraciones efímeras y el avance imparable de la vespa velutina están poniendo en jaque a un sector que ya ve peligrar su futuro.

Yolanda Martínez, de la Asociación Provincial de Apicultores Burgaleses (Asapibur), con colmenas en Las Merindades, lo resume sin rodeos: «Va a ser un 50% menos que un año normal». Y no es un episodio puntual. 2026 es ya el tercer año consecutivo malo para la recolección en la provincia.
Las altas temperaturas están adelantando las floraciones, lo que reduce el tiempo que tienen las abejas para pecorear y recoger néctar. «Ha hecho demasiado calor para el brezo, se ha secado», explica Martínez. Las flores aparecen y desaparecen antes de que las colmenas puedan aprovecharlas.
En Rábanos, junto a la sierra de la Demanda, el apicultor Aitor Lázaro coincide en el diagnóstico. La escasez de lluvia ha acortado la floración y, con ella, la ventana de trabajo de sus abejas. En su zona, la vespa velutina aún no ha hecho estragos, pero ya está presente la vespa cabro, y Lázaro teme que la especie invasora, «mucho más agresiva», termine por instalarse.
En Huerta de Rey, la apicultora Pilar Izquierdo describe un panorama igual de sombrío. «Según salen las flores, las pocas que salen, se secan. No tienen jugo, no tienen néctar». En esta zona, otro enemigo sorprendente amenaza a las colmenas: el abejaruco, un ave que se sitúa a la entrada de las colmenas y bloquea la salida de las abejas.
A todas estas amenazas naturales se suma el peso económico. Los apicultores deben costear alimentación suplementaria para las abejas, así como tratamientos contra la varroa, un ácaro que ataca a las colonias. El resultado es que los números ya no cuadran: en dos años, la provincia ha perdido 8.300 colmenas, un 28% del censo registrado.
La Diputación de Burgos ha anunciado una línea de ayudas de 20.000 euros para el sector, aunque los propios apicultores reconocen que es un alivio insuficiente ante la magnitud del problema.
Mientras esperan que las condiciones climáticas mejoren, los profesionales del sector lanzan una señal de alerta clara: sin lluvias, sin floraciones largas y sin control de las especies invasoras, la apicultura burgalesa tiene los días contados.
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