La Policía Local de Maó comenzó este martes a notificar individualmente a los negocios de lavado de vehículos la obligación de cerrar sus instalaciones, en aplicación del nuevo decreto de restricciones hídricas aprobado por la comisión municipal de seguimiento del Plan de Sequía.

Los establecimientos afectados procedieron al cierre tras recibir la comunicación oficial, aunque el alcalde de la ciudad, Héctor Pons, dejó claro que la prohibición lleva en vigor desde el viernes pasado, un día después de su publicación, y que la notificación individual no cambia ese hecho.
Pons describió la situación del acuífero como «gravísima» y advirtió de que Menorca podría entrar en fase de alerta en las próximas semanas. La isla lleva tres años en situación de prealerta, y el consistorio considera urgente actuar para evitar que el escenario empeore aún más.
«El objetivo es cerrarles el agua y, si es necesario, se levantarán actas, como ya se hizo el verano pasado», señaló el regidor, quien subrayó que las restricciones aprobadas por la comisión, formada por todos los partidos del consistorio y los técnicos municipales, se harán cumplir de un modo u otro.
Para ello, el Ayuntamiento cuenta con una herramienta de vigilancia efectiva. Los ochenta mayores consumidores del municipio disponen de contadores inteligentes que permiten detectar en tiempo real posibles incumplimientos, tanto del uso de lavacoches como del riego de césped ornamental. Quienes sean sorprendidos infringiendo las normas recibirán un reductor de caudal que limitará el agua que llega a sus instalaciones.
No todos los afectados aceptan sin más la medida. Responsables de algunas gasolineras con servicio de lavado insisten en que no están incumpliendo la normativa, ya que el agua que utilizan no proviene de la red municipal sino que la adquieren por cubas y la almacenan en aljibes propios.
El debate sobre si ese tipo de abastecimiento alternativo queda fuera del alcance del decreto abre una disputa jurídica y técnica que el Ayuntamiento deberá resolver en los próximos días.
Mientras tanto, en las puertas de varios lavacoches manuales de la ciudad ya podía leerse este martes un cartel que lo resumía todo: «Box cerrado hasta nueva orden».
La crisis del agua en Maó no da tregua este verano, y el consistorio ha dejado claro que esta vez no está dispuesto a mirar hacia otro lado.
