Menorca enfrenta una paradoja difícil de sostener: en plena crisis de recursos hídricos, la isla aprovecha apenas el 7,74 por ciento del agua que pasa por sus depuradoras. El resto, más de nueve de cada diez litros tratados, acaba en el mar.

Así lo recoge el último balance del Observatori Socioambiental de Menorca (Obsam) con los datos completos de 2025, y el diagnóstico no puede ser más preocupante.
La tendencia, además, va en la dirección equivocada. En 2023 se llegó al máximo histórico de recuperación de agua, rozando el doce por ciento y superando el millón de metros cúbicos reutilizados. Desde entonces, el descenso ha sido constante. En el último año registrado la caída fue de un 19 por ciento, y en el acumulado de los dos últimos ejercicios el retroceso alcanza el 30 por ciento, hasta quedarse en poco más de 700.000 metros cúbicos.
El principal culpable de este deterioro es el exceso de salinidad que arrastra el agua tratada en las depuradoras de Ciutadella Sur y Es Mercadal. Ese problema ha impedido llenar con regularidad las dos únicas balsas de riego que existen en la isla, que solo han podido abastecerse de las escasas lluvias durante largos periodos.
El impacto directo es inmediato: el agua que no se reutiliza tiene que salir de los acuíferos subterráneos, que ya registran niveles preocupantemente bajos. Un círculo vicioso que se retroalimenta mientras los ayuntamientos de la isla van adoptando medidas de restricción del consumo.
Del poco agua que sí se recupera, la inmensa mayoría va destinada a usos agrícolas a través de las comunidades de regantes. El uso urbano es testimonial: apenas 50.000 metros cúbicos en Sant Lluís, a los que se suma el consumo del aeropuerto de Menorca gestionado por AENA. En conjunto, solo el 0,7 por ciento del agua depurada se emplea para fines urbanos.
La situación podría cambiar en los próximos años si avanzan los proyectos previstos para dotar de tratamiento terciario a las depuradoras de Maó-Es Castell y Es Migjorn, el más ambicioso de los cuales está en fase de redacción por parte del Govern. También está en marcha la construcción de una tercera balsa de riego en Sant Lluís.
Mientras tanto, el agua sigue fluyendo hacia el mar en una isla que no puede permitirse ese lujo.
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