Siete años de obras convierten El Sardinero en el gran escaparate urbano de Santander

El barrio más turístico de la capital cántabra vive su mayor transformación en décadas. Con los Jardines de Piquío recién inaugurados y las obras en la zona oeste recién arrancadas, la renovación integral de El Sardinero sigue su curso después de siete años de intervenciones.

Siete años de obras convierten El Sardinero en el gran escaparate urbano de Santander

Todo comenzó con la polémica. La reforma de la Plaza de Italia, que se prolongó de 2019 a 2021, marcó el punto de partida de una transformación que no ha parado desde entonces. El espacio pasó de su imagen de aire ‘belle époque’ a una estética moderna con grandes losas de hormigón de varios colores, jardineras de madera y nuevo mobiliario urbano. Muchos vecinos lo criticaron con dureza, asegurando que la plaza había perdido su personalidad y que podría estar en cualquier ciudad española de nueva construcción.

Dentro de ese mismo proyecto se recuperaron los Jardines de San Roque, que quedaron conectados con la plaza, y se restauraron las emblemáticas escaleras en hemiciclo de acceso a la Primera Playa. La obra también incluyó la instalación de un tanque de tormentas bajo la carretera frente a la plaza, con el objetivo de evitar inundaciones en la zona, aunque las riadas no han desaparecido del todo en los últimos años.

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Tras esa primera gran actuación llegó la urbanización de las calles de la zona este, que abarcó más de 21.000 metros cuadrados. Se renovaron pavimentos, redes de saneamiento y alumbrado, se amplió el arbolado y se adaptaron los viales a las normas de accesibilidad. Esta misma semana ha comenzado la misma intervención en la zona oeste del barrio.

Los Jardines de Piquío, inaugurados a principios de este mes de agosto, fueron otro foco de atención vecinal. Muchos residentes temían que corrieran la misma suerte que la Plaza de Italia, pero el Ayuntamiento apostó por recuperar el proyecto original de 1925 y el resultado ha generado una valoración mucho más positiva entre la ciudadanía.

En el ámbito privado, también se han renovado los bajos del Casino y se está reconstruyendo el Hotel París, dos hitos del barrio que completan el cambio de imagen del entorno.

Sin embargo, la transformación no está terminada. Los Bajos del Rhin siguen pendientes de una reforma integral, y el chiringuito Rema espera aún ser transferido al Ayuntamiento para recibir la atención que necesita. El Sardinero avanza, pero todavía tiene deberes pendientes.