La Autoridad Portuaria de Santander ultima el proceso de concesión que convertirá Marina del Cantábrico en un referente náutico del norte de España. La actual instalación, que opera bajo una concesión de 50 años próxima a su vencimiento en junio de 2027, dará paso a un proyecto que afectará a más de 177.800 metros cuadrados de lámina de agua y casi 54.000 de superficie terrestre.

El plan supone una reordenación total del espacio. Se pasará de los aproximadamente 1.000 amarres actuales a cerca de 1.600, adaptados además para embarcaciones de gran eslora. Una ampliación que sus impulsores enmarcan dentro del impulso a la llamada economía azul y que busca posicionar a Santander como puerto de recalada para barcos que navegan entre el norte de Europa y el Mediterráneo.
La instalación quedará dividida en tres zonas con concesiones independientes de 30 años cada una. La primera, Marina zona oeste, destinada a demanda de amarres y embarcaciones de mayor tamaño, será gestionada por una empresa mercantil y contará con entre 600 y 700 puestos. La segunda, denominada Varadero, albergará actividades de mantenimiento, reparación y construcción naval, y supondrá el traslado de estas labores desde el Barrio Pesquero. La tercera, Marina zona este, busca garantizar la continuidad de la actividad náutico-deportiva con un mínimo de 850 amarres.
Es precisamente esta última la que reclama el Club Náutico Marina del Cantábrico. Su presidente, David Muñoz, asegura que cuentan con el respaldo de más del 95 por ciento de sus socios para afrontar la inversión necesaria y presentar una candidatura sólida. Muñoz no duda al describir lo que se avecina: nada de lo que hoy se ve en el puerto va a permanecer cuando las máquinas terminen su trabajo.
El plazo de presentación de ofertas, inicialmente cerrado el pasado 17 de agosto, ha sido ampliado, lo que da algo más de margen a los diferentes candidatos para ultimar sus propuestas.
Santander tiene la oportunidad de colmar un hueco que existe en toda la cornisa cantábrica. La falta de instalaciones capaces de acoger barcos de gran porte es un problema real para embarcaciones procedentes de Holanda, Alemania o el Reino Unido que buscan escala antes de continuar hacia el Mediterráneo. Este proyecto pretende dar respuesta a esa necesidad y situar a la ciudad en el mapa náutico europeo.
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