El tramo de la autovía A-8 a su paso por Saltacaballo lleva doce meses vigilado por un radar de tramo, y los números hablan por sí solos: 30.000 sanciones por exceso de velocidad, lo que equivale a una media de 82 multas al día. Sin embargo, el dato que más satisfacción genera entre las autoridades de tráfico no es ese, sino que el número de accidentes ha bajado un 13% y las víctimas se han reducido casi a la mitad.

Según los datos de la Jefatura Provincial de Tráfico de Cantabria, el 94% de las infracciones registradas entre agosto de 2025 y julio de 2026 corresponden a conductores que superaron el límite de velocidad en no más de 20 kilómetros por hora, lo que supone una multa de 100 euros, reducida a 50 por pronto pago. El 6% restante se enfrentó a sanciones de entre 300 y 400 euros, además de la pérdida de entre dos y cuatro puntos del carné de conducir.
Teniendo en cuenta que por este tramo circulan unos 52.000 vehículos al día, alrededor de 19 millones al año, los infractores representan apenas el 0,15% del total de conductores que pasan por la zona. Una cifra que, pese a todo, se traduce en miles de sanciones acumuladas.
Por dirección de circulación, son los conductores que se dirigen hacia Vizcaya quienes concentran el mayor número de multas, con un 58% del total frente al 42% de los que van hacia Santander. El jefe provincial de Tráfico, José Miguel Tolosa, lo explica por los hábitos de los vecinos de Castro Urdiales que trabajan al otro lado de la frontera cántabra: la prisa del camino al trabajo no es la misma que la del regreso.
Por franjas horarias, es la mañana, entre las seis y las dieciséis horas, cuando se concentran más infracciones, coincidiendo precisamente con esa hora punta laboral.
Más allá de las cifras económicas, el verdadero impacto del dispositivo se mide en vidas. Los accidentes pasaron de 100 a 87, y los heridos se redujeron de 21 a 12. Además, por segundo año consecutivo no se ha registrado ningún fallecido en este punto, que durante años fue considerado uno de los tramos más peligrosos de Cantabria.
Tolosa valora positivamente el balance: la circulación es más fluida, más homogénea, y han desaparecido los frenazos bruscos que antes provocaban situaciones de riesgo. Los datos, concluye, reflejan una carretera más tranquila y más segura para todos.
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