Un británico con treinta años de raíces en Cala en Porter abre las fiestas del pueblo como pregonero

Peter Veitch llegó a Cala en Porter por primera vez en 1982, de vacaciones con su familia. Nunca imaginó que aquella pequeña cala menorquina acabaría siendo su hogar. Hoy, casi cuatro décadas después, este ingeniero eléctrico jubilado y presidente del Club de Petanca local ha tenido el honor de pronunciar el pregón de las fiestas del pueblo.

Un británico con treinta años de raíces en Cala en Porter abre las fiestas del pueblo como pregonero

De origen británico, Veitch se instaló de manera permanente en la localidad en 1996, cuando adquirió un pequeño chalet junto a las cuevas de la playa. Desde su jubilación, hace dieciocho años, su implicación con la comunidad no ha dejado de crecer, hasta convertirse en una figura central del tejido asociativo local a través del club de petanca.

En su discurso, el pregonero quiso destacar la capacidad de reinvención del pueblo y de sus gentes, comparándola con la propia playa, que se transforma cada invierno para volver a renacer. Para Veitch, son los propios habitantes quienes dotan a Cala en Porter de su versatilidad y su carácter especial.

También dedicó palabras de reconocimiento al comercio local, señalando la llegada de jóvenes emprendedores como señal de un futuro prometedor para la localidad. Negocios de nueva apertura en restauración, hostelería, heladerías y servicios inmobiliarios reflejan, según él, una comunidad viva y en constante evolución.

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Respecto al club de petanca que preside, Veitch subrayó el apoyo recibido tanto por parte de la Asociación de Vecinos de Cala en Porter como de la Concejalía de Deportes del Ayuntamiento de Alaior, mostrándose agradecido por la colaboración institucional que ha permitido al club consolidarse como punto de encuentro vecinal.

Al cerrar su pregón, el protagonista resumió con sencillez lo que tres décadas de vida en el pueblo significan para él y su familia: recuerdos, vínculos y la certeza de que aún quedan muchos más por crear.

«Solo puedo dar las gracias a toda aquella gente que ha acogido a mi familia durante todos estos años y que ha hecho que este pueblo sea, hoy, nuestra casa», afirmó emocionado desde el escenario.

Una historia que recuerda que los lazos con un lugar no entienden de fronteras ni de pasaportes, sino de tiempo compartido y de comunidad construida día a día.