Vitoria-Gasteiz se enfrenta a un problema silencioso que lleva años transformando sus calles: el número de comercios por habitante no ha dejado de caer desde 2016, y los datos del Gobierno vasco revelan ahora la magnitud real de ese retroceso.

Según el Departamento de Hacienda, la capital alavesa ha pasado de contar con más de diez negocios por cada mil habitantes hace una década a apenas ocho en 2024, el último ejercicio con cifras disponibles. Se trata de una caída del 25%, la mayor registrada entre los principales núcleos del territorio.
La paradoja es llamativa: Álava crece en población, pero ese aumento demográfico no se traduce en más tiendas ni en mayor actividad comercial en las aceras. La densidad del conjunto del territorio también ha bajado, de 9,78 establecimientos por cada mil habitantes en 2016 a 7,46 en 2024, pero la caída de Vitoria supera incluso esa media.
Lo que llama especialmente la atención es la comparación con municipios mucho más pequeños. Laguardia cuenta hoy con 16 comercios por cada mil habitantes y apenas ha variado su estructura en la última década. Localidades de Rioja Alavesa como Leza han conseguido incluso mejorar sus números, en parte gracias al peso de las bodegas en la zona.
Tampoco salen tan mal paradas otras ciudades del territorio. En Llodio y Amurrio el retroceso ronda el 20%, mientras que en Iruña de Oca apenas llega al 8%. Agurain, por su parte, es uno de los pocos municipios que ha cerrado el periodo con más tiendas que al principio, con un crecimiento del 2,1%.
El auge del comercio electrónico y las dificultades para mantener los alquileres de los locales figuran entre las causas más señaladas para explicar este declive. De hecho, uno de cada cinco comerciantes de Álava ha llegado a solicitar una rebaja en el coste de su local para poder sostenerse.
En el contexto del País Vasco, Vitoria comparte su situación con Bilbao, que también ha perdido una de cada cuatro tiendas en la última década. San Sebastián ha resistido algo mejor, con una caída de alrededor del 20%.
El dato deja una imagen preocupante para quienes apuestan por el comercio de proximidad: la ciudad crece, pero sus calles comerciales cada vez tienen menos vida.
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