Coronación estalla en plena madrugada: vecinos con cacerolas y un despliegue policial masivo para separar a ocupas y clientes de un bar

El barrio vitoriano de Coronación vivió otra noche de tensión extrema cuando decenas de agentes de la Policía Local y la Ertzaintza tuvieron que desplegarse en la calle Bruno Villarreal para frenar una pelea multitudinaria entre los ocupantes de una macrolonja y clientes de un bar cercano.

Coronación estalla en plena madrugada: vecinos con cacerolas y un despliegue policial masivo para separar a ocupas y clientes

Todo ocurrió en torno a la una y media de la madrugada del lunes. Un número indeterminado de personas que residen de forma irregular en una antigua tienda de ropa de segunda mano comenzó a gritar y amenazar a los clientes del local hostelero, sospechoso de tolerar el tráfico de drogas en su interior. Algunos llegaron a las manos antes de que alguien avisara a las autoridades.

La respuesta policial fue contundente. Buena parte de las dotaciones operativas en ese momento en la ciudad acudieron a la zona. Fue la segunda intervención de la noche: horas antes ya había habido un primer incidente. En total, dos movilizaciones en apenas cuatro horas.

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Se realizaron varias identificaciones, pero no hubo arrestos. Lo que sí hubo, y sorprendió a los propios agentes, fue la reacción de los vecinos. Algunos salieron a las ventanas haciendo sonar cacerolas. Otros aplaudieron a la Policía. Hubo quienes, hartos ya de meses de sufrimiento, les gritaron que dejaran a los implicados «matarse» entre ellos.

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«Vamos para casi tres años de martirio y nadie hace nada», resume un residente de la calle. La lonja fue ocupada a principios de 2024, cuando su propietaria legítima había fallecido y los herederos, residentes en otra comunidad autónoma, no emprendieron acción legal alguna. Desde entonces, una población flotante ha pasado por el local. Según apuntan los vecinos, existe un intermediario que cobra una cantidad a quienes se instalan allí.

Los incidentes van en aumento. Hace apenas unos días, un cliente del bar salió con un cuchillo jamonero a enfrentarse a los ocupas y fue detenido. Semanas antes, otro vecino amenazó con un arma blanca a los inquilinos ilegales y, según cuentan desde varios portales, recibió una puñalada días después.

En el barrio sospechan que detrás de tanto enfrentamiento seguido hay un trasfondo de disputas por el control del menudeo de drogas en la zona.

Los residentes legales dicen estar agotados. «Ya no sabemos qué más hacer», confesaba ayer uno de ellos. La calle Bruno Villarreal lleva demasiado tiempo siendo escenario de lo que muchos describen como una pesadilla cotidiana.