La prisión alavesa de Zaballa, situada a quince kilómetros de Vitoria, lleva desde julio recibiendo a diario furgonetas de la Ertzaintza con nuevos internos procedentes de juzgados vizcaínos. Una directriz interna del sistema penitenciario vasco ha convertido al mayor centro penitenciario del País Vasco en el destino obligado para todos los presos que antes habrían ingresado en Basauri.

El motivo principal es el estado de la vetusta prisión vizcaína, construida en 1964 y con décadas de reformas a cuestas que no han logrado solventar sus carencias estructurales. Escasez de espacio, instalaciones deficientes y falta de recursos de reinserción son los factores que han llevado al Departamento vasco de Justicia a tomar esta decisión, para la que de momento no existe ningún plazo de expiración.
El cambio de criterio se produjo tras la apertura de la nueva prisión de Zubieta, en Gipuzkoa, hace aproximadamente dos meses. La inauguración de ese centro permitió al Gobierno vasco reorganizar todo el sistema penitenciario buscando, según fuentes de la consejería dirigida por María Jesús San José, ofrecer un mejor servicio a la población reclusa.
El flujo afecta a todo tipo de internos: presos preventivos, personas localizadas tras estar en rebeldía y condenados que agotan sus últimas vías legales. El personal de Zaballa asegura que los traslados llegan «prácticamente a diario» y calculan que ya serán cerca de una veintena los nuevos internos llegados por esta vía desde Bizkaia.
Los datos respaldan el movimiento. En julio, Zaballa cerró el mes con 1.074 reclusos, frente a los 1.062 de junio. Basauri, por su parte, redujo su población de 458 a 447 internos en ese mismo periodo. La población reclusa total en el País Vasco alcanzó en julio las 1.920 personas, cifra récord.
La solución parece llamada a consolidarse. Desde el Gobierno vasco descartan cualquier proyecto de nueva prisión en Bizkaia por el elevado coste económico y la dificultad de encontrar una ubicación que no genere rechazo vecinal. Intentos anteriores en Amorebieta y en Artxanda terminaron archivados por la presión de los vecinos.
Mientras tanto, Zaballa sigue absorbiendo la presión de un sistema que crece en internos y que tiene en la obsolescencia de Basauri su talón de Aquiles más evidente.
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