Se cumplen hoy exactamente cien años de uno de los momentos más decisivos para la historia de la provincia. Un 23 de agosto de 1926, el rey Alfonso XIII estampaba su firma en el Real Decreto-Ley que daba luz verde a la construcción del Salto de Ricobayo, una obra faraónica que transformó para siempre el paisaje zamorano y que dejó bajo las aguas cuatro pueblos enteros.

La concesión fue otorgada a la Sociedad Hispano Portuguesa de Transportes Eléctricos «Saltos del Duero», empresa que con los años se convertiría primero en Iberduero y hoy en Iberdrola, una de las compañías energéticas más grandes del mundo. Un gigante global cuyas raíces hundidas en el barro del Esla.
El proyecto no fue improvisado. Los primeros trabajos topográficos ya se habían iniciado doce años antes, en el otoño de 1914, cuando los carabineros detuvieron a dos ingenieros que recorrían los escarpados ribazos del Esla y el Duero con mulas y aparatos de medición. El ingeniero italiano Nino Rodio y el español Pedro Aguirre fueron arrestados por trabajar sin permiso en lo que entonces se consideraba zona militar de frontera. Solo dos meses después, en diciembre de ese mismo año, se les autorizó a continuar, aunque Rodio quedó vetado por su condición de extranjero.
Lo que nunca se contó a los vecinos durante aquellos años de mediciones y estudios fue el precio real de la obra. El embalse ahogaría las riberas más fértiles de la comarca y desaparecerían bajo el agua los pueblos de Palacios, San Pedro de la Nave, La Pueblica y Losacino. Cerca de 2.600 trabajadores participaron en su construcción, comenzada en 1929.
El decreto firmado por Alfonso XIII argumentaba también beneficios para Portugal: el embalse regularía el caudal del Esla antes de su confluencia con el Duero, evitando las crecidas que inundaban poblaciones ribereñas portuguesas. A cambio, España obtendría facilidades para una posible navegación fluvial hasta el Atlántico.
Un año después de la concesión, el 11 de agosto de 1927, España y Portugal firmaron el convenio que regulaba el aprovechamiento hidroeléctrico del tramo internacional del Duero, poniendo en marcha el engranaje definitivo de una obra que cambió la fisonomía de Zamora para siempre.
Cien años después, la presa de Ricobayo sigue en pie, produciendo energía. Los cuatro pueblos siguen bajo el agua.



