El Betis se juega contra el reloj la licitación de la fase clave de su nuevo estadio

El Real Betis afronta uno de los momentos más delicados en la transformación del Benito Villamarín. La segunda fase del proyecto de ampliación, la más ambiciosa de todas, sigue sin adjudicarse y los precios están en el centro de la negociación.

El Betis se juega contra el reloj la licitación de la fase clave de su nuevo estadio

Ángel Haro, presidente de la entidad verdiblanca, confirmó esta semana que el club trabaja para lanzar la licitación de esa segunda fase antes de que termine 2026. Sin embargo, sus palabras dejaron entrever que nada está cerrado con Acciona, la constructora que actualmente ejecuta los trabajos de la fase 1.

El condicionante es claro: el club solo seguirá con la multinacional si los precios que esta presente se ajustan a los márgenes establecidos desde el inicio del proyecto. En caso contrario, el Betis abriría la puerta a otras empresas.

Según ha podido saber este periódico, el plazo para cerrar ese acuerdo está fijado en dos meses. Una vez superado ese límite, el club debería tomar decisiones sobre el camino a seguir.

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La fase 2 es la más importante de toda la obra. En ella se construirán los pilares y estructuras que sostendrán el nuevo graderío, el núcleo del gran salto que quiere dar el estadio verdiblanco en capacidad y modernidad.

El proyecto, diseñado por el arquitecto cordobés Rafael de la Hoz junto a la firma estadounidense Gensler, ha tenido que adaptarse en varias ocasiones para encajar en el presupuesto. El club partía de una estimación de unos 160 millones de euros para la totalidad de la obra, pero la primera vez que se sacó a licitación, la única oferta recibida la elevó hasta los 270 millones.

Aquella diferencia de 110 millones obligó al Betis a replantear el plan. Tras consultar a varias empresas, se apostó por un modelo de colaboración con Acciona que permitía revisar materiales y procesos constructivos sin alterar el diseño original. La prefabricación de piezas y ajustes en la cubierta fueron algunas de las soluciones adoptadas.

Con la fase de demolición ya terminada y la excavación en marcha, el tiempo apremia. El Villamarín vive una de las obras más importantes de su historia y el sevillismo espera que los números terminen de cuadrarse para que la transformación del estadio no pierda el ritmo.