Los vecinos de Llanteno, en la comarca de Ayala, vivieron este jueves una de las noches más largas que recuerdan. Un violento incendio forestal arrasó cerca de 100 hectáreas de monte y los tuvo en vilo hasta el amanecer del viernes, cuando por fin pudieron respirar con algo de alivio.

Las llamas, que se reavivaron el jueves, avanzaron con rapidez por el monte y obligaron a desalojar cinco caseríos de la zona ante el peligro de inhalar el humo tóxico que se extendía por el entorno. Bomberos, agentes de la Ertzaintza y guardas forales trabajaron sin descanso durante toda la noche para perimetrar el fuego y evitar que siguiera propagándose.
Muchos vecinos no se cruzaron de brazos. Jon Ander Alonso, propietario de uno de los baserris evacuados, se subió a su coche para hacer de guía a los bomberos por un terreno que conoce a la perfección. Su casa, rodeada de campas que él mismo desbrozó esta primavera como medida preventiva, pudo salvarse gracias también a esa previsión. Tuvo que trasladarse con su familia a casa de sus padres, donde vivieron una jornada muy especial: su hija cumplía cuatro años y la celebración fue entre helicópteros y sirenas.
Cristina, otra vecina de la zona, pasó la noche en vela con las maletas preparadas por si llegaba la orden de evacuar. Su prima tuvo que dar media vuelta de sus vacaciones para humedecer los terrenos alrededor de su propiedad. Al final pudieron quedarse, pero el susto fue mayúsculo.
Gloria y su marido, ya mayores, siguieron la situación desde el porche de su caserío, sin poder pegar ojo ante el incesante paso de vehículos de emergencias por la carretera durante toda la noche. Al día siguiente, un paseo les mostró el paisaje desolador que dejaron las llamas.
Jonathan Cámara, vecino del único barrio de Llanteno que no fue evacuado, describió momentos de auténtico terror: el cielo naranja, el sonido del fuego consumiendo el monte y la incertidumbre de no saber hasta dónde llegarían las llamas. La presencia de un riachuelo entre su casa y el foco del incendio les dio algo de margen. Para las dos de la madrugada, los bomberos les invitaron a intentar descansar.
Los vecinos de Llanteno cerraron este viernes una jornada agotadora con un sentimiento compartido de gratitud hacia los servicios de emergencias, cuya labor calificaron de espectacular, y con la certeza de que el monte, en sus propias palabras, está muy sucio y necesita atención urgente.



