Los vecinos de Solórzano y Hazas de Cesto respiran aliviados. El Obispado de Santander ha decidido cambiar de destino al sacerdote que llevaba cerca de tres años al frente de las parroquias de ambos municipios, así como las de Beranga y Praves, después de una larga lista de incidentes que terminaron por hartar a la población.

Don Javier, como le conocen en la zona, nunca logró ganarse la confianza de sus feligreses. Los vecinos le describen con palabras como «extraño» o «pasota», y aseguran que «nunca se integró con nadie». La asistencia a sus misas fue cayendo progresivamente hasta el punto de que mucha gente optó por desplazarse a localidades cercanas, especialmente a Gama, para cumplir con sus celebraciones religiosas.
El detonante definitivo llegó en junio pasado, cuando el párroco no se presentó a un funeral de cuerpo presente. Él mismo había confirmado el horario el día anterior, pero media hora después del inicio previsto seguía sin aparecer. Cuando los asistentes lograron contactar con él, alegó que estaba en Burgos y que se había olvidado del acto. Poco después, su teléfono dejó de dar señal. Miguel Cobo, hijo del fallecido, lo recuerda con dolor: «¿Hay algo más duro que el día en que se muere tu padre llegues a la iglesia y no haya cura?»
No fue un hecho aislado. Los vecinos relatan situaciones similares en otras ocasiones y lo califican de «reincidente habitual». Pero las ausencias no eran la única queja. En los sermones, el sacerdote aprovechaba para criticar la vestimenta de las mujeres y referirse a la homosexualidad como una enfermedad. Un vecino de Hazas de Cesto confiesa que tuvo que abandonar la misa por sus comentarios.
La lista de polémicas incluye también la expulsión de una joven de 15 años de una procesión por considerar que su escote era inapropiado, la negativa a bautizar hijos de padres divorciados o no casados por la Iglesia, y el rechazo a dar la comunión a dos niñas de una familia monoparental.
La acumulación de conflictos llevó al vecindario y al propio Ayuntamiento a solicitar una reunión con el secretario del Obispo. La diócesis ha confirmado el traslado, aunque aclara que la decisión fue fruto de un proceso iniciado con anterioridad a los últimos incidentes. El cambio, sin embargo, no se hará efectivo hasta después del verano.
El párroco, por su parte, aseguró no tener noticias del traslado. El Obispado declinó hacer declaraciones públicas sobre el asunto.



