La provincia de León cerró 2025 con un mapa del narcotráfico muy distinto al del año anterior. Las cifras oficiales del Ministerio del Interior revelan cambios drásticos en el tipo de droga que circula y se decomisa en el territorio leonés, con la marihuana como protagonista absoluta y la cocaína en franco retroceso.

El dato más llamativo es el incremento sin precedentes de las incautaciones de marihuana. Las fuerzas de seguridad decomisaron el pasado año 77,5 kilos de esta sustancia en la provincia, lo que supone un aumento del 1.247% respecto a 2024 y representa el 35% de todo lo intervenido en Castilla y León. Una cifra récord que no tiene parangón en los registros anteriores.
No fue la única sustancia al alza. El MDMA cristal experimentó una subida del 1.343%, con 231 gramos incautados, equivalentes al 18% del total regional. El LSD creció un 1.800% hasta las 19 unidades, la ketamina se disparó un 3.475% y también aumentaron el polen de cannabis, los cannabinoides sintéticos y la metanfetamina.
En el lado contrario se sitúan el hachís y la cocaína. Del primero se intervinieron 10,5 kilos, un 36% menos que el ejercicio anterior. La cocaína sufrió una caída aún más pronunciada, del 74%, quedando en apenas 3,580 kilos decomisados. También descendieron con fuerza el MDMA en pastillas, la heroína y la anfetamina.
En cuanto a la actividad policial y judicial, el informe recoge 52 detenciones en la provincia a lo largo de 2025, un 23,5% menos que en 2024, lo que representa el 10% del total autonómico. Las denuncias también bajaron ligeramente, hasta las 1.584, el 11,5% de las registradas en toda la comunidad.
En el conjunto de España, las fuerzas de seguridad intervinieron cerca de 370 toneladas de droga durante el pasado año. El hachís volvió a encabezar la lista con más de 257.000 kilos, mientras que la cocaína cayó un 37,8% hasta los 77.010 kilos, descenso que el Ministerio atribuye a la presión ejercida sobre las rutas marítimas del Atlántico y a operaciones sobre buques mercantes y contenedores portuarios.
Los datos reflejan un escenario en constante mutación, donde el perfil del consumo y el tráfico de estupefacientes cambia de un año a otro, obligando a las fuerzas de seguridad a adaptar sus estrategias de manera permanente.



