Los Jardines de Piquío abrieron por fin sus puertas al público este viernes después de casi dos años de obras, retrasos y sobrecostes que pusieron a prueba la paciencia de los vecinos de Santander. El emblemático espacio, que el año pasado cumplió un siglo de historia, luce ahora completamente renovado aunque fiel a su imagen original.

El coste final de la intervención ha quedado en 2.038.909 euros, una vez aplicada una baja del 21,95% sobre el último presupuesto modificado. Esa cifra supone alrededor de un 50% más respecto al presupuesto inicial de 1,3 millones con el que arrancó el proyecto, aunque desde el Ayuntamiento han querido dejar claro que la cifra que circuló de 2,6 millones correspondía a la licitación, no a la adjudicación definitiva.
Las obras comenzaron en noviembre de 2024 con la promesa de tener el parque listo antes del verano pasado. No pudo ser. Los plazos se fueron estirando, en parte por imprevistos bajo tierra: el terreno presentaba una sección distinta a la esperada y las raíces de los árboles habían crecido en horizontal de forma agresiva, lo que obligó a cambiar por completo la solución del pavimento. Ese fue el segundo sobrecoste, de unos 700.000 euros adicionales.
A pesar de todo, el resultado ha convencido. Los 8.000 cantos rodados que forman los caminos del parque fueron lijados a mano uno a uno. Se trasladaron palmeras sanas para sustituir a las afectadas por el picudo rojo y se plantaron arbustos llegados desde otros barrios de la ciudad para que todos tuvieran el mismo porte. La mesa zodiacal y la bola del mundo, los dos monumentos del jardín, fueron restaurados por la asociación Santa María de Toraya. También se rehabilitó la fuente Lavapiés, en la plataforma inferior que conecta con el parque de Mesones.
El suelo azul, característico de Piquío desde finales de los 90, se ha mantenido gracias a una encuesta ciudadana. No corrió la misma suerte la Proa de Piquío, el mirador diseñado por el ceramista Víctor González en los años 80, que quedó fuera del proyecto por no pertenecer al diseño original del parque.
Santander recupera así uno de sus rincones más queridos justo a tiempo para la Semana Grande, con sus jardines listos para recibir a vecinos y visitantes como llevan haciendo desde hace más de cien años.
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