Un bombero a punto de jubilarse da el último adiós bajando el cuadro más sagrado de Madrid en la Verbena de la Paloma

Madrid amaneció hoy, 15 de agosto, con uno de sus rituales más queridos y enraizados en la identidad de la capital. Un bombero del Ayuntamiento que está a punto de jubilarse ha sido el elegido para cumplir con la tradición más castiza de las fiestas del barrio de La Latina: bajar el cuadro de la Virgen de la Paloma, una pieza de cerca de 100 kilos y 1,70 metros de alto que preside el Altar Mayor de su parroquia durante todo el año.

Un bombero a punto de jubilarse da el último adiós bajando el cuadro más sagrado de Madrid en la Verbena de la Paloma

El imponente lienzo sale una vez al año de la Parroquia de la Virgen de la Paloma y San Pedro el Real, ubicada en pleno corazón de La Latina, para participar en las celebraciones que desde hace siglos llenan de color y música las calles del barrio. Y cada vez que esto ocurre, son los bomberos de Madrid quienes asumen con orgullo esa responsabilidad.

La vinculación entre el Cuerpo de Bomberos y la patrona oficiosa de Madrid no es casual ni reciente. El rito se remonta al año 1923 y nació a petición de los propios feligreses, ligado a una leyenda que forma parte ya del imaginario colectivo madrileño. Según la tradición, un incendio devastador que arrasó la Plaza Mayor en el siglo XVIII fue milagrosamente sofocado gracias a la presencia del cuadro de la Paloma. Desde entonces, la imagen quedó unida para siempre a quienes tienen por oficio apagar llamas en la ciudad.

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Este año, la responsabilidad recayó en un bombero veterano que se prepara para colgar el casco tras una larga carrera de servicio. Una forma emotiva de cerrar una etapa profesional: bajando entre sus brazos el cuadro más venerado de Madrid ante la mirada de vecinos, devotos y turistas.

La Verbena de la Paloma es, junto con las fiestas de San Isidro, una de las celebraciones más genuinas de la capital. Cada agosto, La Latina se convierte en el epicentro de la cultura popular madrileña con chulapas, chotis, farolillos y la devoción de quienes se sienten herederos de una tradición que el tiempo no ha conseguido borrar.

El cuadro, una vez bajado de su lugar de honor, procesionará acompañado de miles de madrileños que hoy salen a la calle para celebrar, una vez más, que hay tradiciones que ninguna modernidad puede reemplazar.