El menorquín, en peligro: un informe pide proteger el habla de la isla frente a internet, la globalización y la pérdida de vocabulario propio

Un informe elaborado por la filóloga Sili Pons Sabater advierte de que el menorquín atraviesa un momento delicado. La modalidad insular del catalán pierde terreno frente a la homogeneización lingüística, las nuevas tecnologías y la globalización, y su léxico tradicional se diluye poco a poco entre las generaciones más jóvenes.

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El estudio, encargado por el Consell Insular, concluye que es «muy necesaria» la inclusión del menorquín y del artículo salat en el Inventario del Patrimonio Cultural Inmaterial de Menorca, con vistas a su posterior declaración como Bien de Interés Cultural. El objetivo es claro: salvaguardar una de las señas de identidad más profundas del pueblo menorquín.

Pons Sabater subraya que el menorquín no es un simple dialecto menor, sino un legado vivo con siglos de historia. Tras la Reconquista, el aislamiento geográfico de la isla permitió conservar palabras que el catalán continental fue perdiendo, y la llegada de repobladores mallorquines añadió otros matices propios. También forman parte de su riqueza más de un centenar de vocablos de origen árabe y los anglicismos heredados de las etapas de dominación extranjera.

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Sin embargo, ese patrimonio acumulado durante generaciones está en riesgo. Según el informe, cada vez se tiende a hablar un catalán más uniforme, y las formas propias del menorquín se usan con menos frecuencia. La transmisión oral espontánea entre jóvenes ha disminuido, el movimiento de población ha aumentado y las pantallas imponen sus propias reglas lingüísticas.

El menorquín, además, tiene escasa presencia en internet y en las redes sociales, precisamente los espacios donde hoy se comunica y aprende la lengua. Tampoco aparece suficientemente en los materiales educativos de las escuelas de la isla, lo que agrava aún más su situación.

El informe destaca que el artículo salat, el rasgo más reconocible del habla menorquina, juega un papel identitario y cohesionador esencial. También reivindica la presencia del menorquín en las rondalles, los refranes, las gloses, los topónimos y el vocabulario de los oficios tradicionales del mar y del campo.

La propuesta de declaración no busca encerrar la lengua en una vitrina, sino reconocerla como un legado colectivo vivo, en constante evolución, pero enraizado en la memoria y los valores compartidos de Menorca. Una identidad que, si no se actúa a tiempo, corre el riesgo de quedar reducida a los libros de historia.